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7 señales de que tu gato está estresado

Los gatos son unos maestros del disimulo. En la naturaleza, mostrar debilidad podía salirles caro, porque son presa y depredador al mismo tiempo, así que han heredado la costumbre de guardarse para sí lo que les pasa. Por eso el estrés en gatos muchas veces pasa desapercibido hasta que aparece un problema más grande: pipís fuera, peleas, heridas por lamerse…

La buena noticia es que, si sabes qué mirar, tu gato te da pistas mucho antes. Te cuento las siete señales que más veo en consulta, para que puedas detectarlas a tiempo.

Antes de nada: estrés puntual y estrés que se queda

Un poco de estrés forma parte de la vida, también de la de tu gato. Una visita al veterinario, una tormenta o un día de visitas en casa pueden alterarle unas horas, y luego vuelve a su rutina. Eso es normal.

Lo que nos preocupa es cuando el estrés se mantiene en el tiempo, porque un gato estresado de forma continuada acaba enfermando más, cambia su comportamiento y su relación contigo o con los otros animales de casa se resiente. Ahí es donde merece la pena actuar pronto.

1. Cambios en el arenero

Es de las primeras señales y de las más claras. Un gato estresado puede empezar a hacer pipí o caca fuera del arenero, a marcar con orina en paredes o muebles, o a ir al arenero más veces de lo normal. Ojo, porque esto también puede indicar un problema de salud (como una cistitis, que además está muy relacionada con el estrés), así que siempre hay que pasar primero por el veterinario.

2. Se esconde más de lo habitual

Si tu gato, que antes salía a recibirte y se tumbaba en el sofá contigo, ahora pasa gran parte del día debajo de la cama o dentro del armario, algo le está inquietando. Esconderse es su forma de sentirse a salvo. Tampoco hay que sacarlo a la fuerza: ese escondite le está ayudando. Lo que toca es averiguar de qué se está escondiendo.

3. Come menos (o mucho más)

El estrés afecta al apetito. Algunos gatos dejan de comer o comen muy poco; otros comen con ansia. También puede que coma, pero solo cuando no hay nadie cerca, o que deje de comer si el comedero está en una zona que le genera tensión. Un gato que pasa más de un día sin comer necesita ir al veterinario cuanto antes.

4. Se acicala demasiado… o deja de hacerlo

Lamerse le calma, así que un gato estresado puede empezar a lamerse en exceso, sobre todo en la barriga, la cara interna de las patas o los costados, hasta dejarse zonas sin pelo. En el otro extremo, hay gatos que dejan de cuidarse y se les ve el pelo apelmazado o descuidado. En los dos casos, hay que descartar primero problemas de piel, alergias o dolor con el veterinario.

5. Está en alerta constante

Fíjate en su cuerpo. Un gato estresado suele estar más tenso: se sobresalta con cualquier ruido, mueve mucho las orejas o las lleva hacia los lados o hacia atrás, tiene las pupilas dilatadas aunque haya luz, la cola pegada al cuerpo y le cuesta tumbarse a dormir del todo. Es como si nunca terminara de relajarse.

6. Duerme, juega o se mueve distinto

Los cambios en su rutina dicen mucho. Puede que juegue menos o nada, que pase mucho más tiempo durmiendo, o al revés, que esté inquieto y deambule por la casa sin parar, sobre todo de noche. Si de repente maúlla más de lo habitual, también es una pista.

7. Está más irritable

Bufa más, gruñe, se aparta cuando le acaricias, te da un manotazo cuando antes no lo hacía o tiene roces con otro gato de casa con los que antes no había problema. Un gato estresado tiene menos paciencia, igual que nos pasa a nosotras en una mala semana. Aquí también conviene revisar que no haya dolor detrás.

¿Qué suele estresar a un gato?

Cada gato es un mundo, pero estas son las causas que más encuentro:

  • Cambios en casa: mudanza, obras, muebles nuevos, cambios de horarios.
  • Personas o animales nuevos: un bebé, una pareja, un perro, otro gato.
  • Tensión con otro gato de la casa, aunque no haya peleas abiertas.
  • Gatos de la calle que ve por la ventana o que huele cerca de la puerta.
  • Falta de recursos: pocos areneros, pocos escondites, nada de espacio en alto.
  • Aburrimiento: pocas oportunidades de jugar, cazar y explorar.
  • Rutinas impredecibles o una casa con mucho ruido y movimiento.
  • Dolor o enfermedad, que a la vez causa estrés y se agrava con él.

Qué puedes hacer en casa para ayudarle

  • Revisión veterinaria. Varias de estas señales también aparecen con dolor o enfermedad. Es el primer paso, siempre.
  • Rutinas previsibles. Comidas, juego y ratos de mimos más o menos a la misma hora. Saber qué va a pasar da mucha seguridad.
  • Escondites y alturas. Cajas, camitas cubiertas, baldas, estanterías. Un gato que puede elegir dónde estar se siente con más control.
  • Recursos de sobra y repartidos. Areneros, comederos, agua y rascadores en distintas zonas de la casa.
  • Juego diario. Sesiones cortas con varita en las que pueda acechar, perseguir y cazar, terminando con un premio o su comida. Es una de las mejores maneras de liberar tensión.
  • Respeta su espacio. Deja que sea él quien se acerque. Obligarle a interactuar solo aumenta su malestar.
  • Un difusor de feromonas puede ayudar como apoyo, junto con todo lo anterior.

Cuándo pedir ayuda

Este artículo te ayuda a reconocer las señales, pero no sustituye una consulta veterinaria ni de comportamiento. Si ves varias de estas señales a la vez, si duran más de un par de semanas o si van a más, merece la pena que lo mire una profesional. Cuanto antes se aborda el estrés, más fácil es que tu gato recupere la calma, y antes evitamos que se convierta en un problema más difícil de deshacer.

Una casa pensada para su calma

Muchas veces el estrés baja muchísimo con cambios sencillos en casa. En mi guía «El hogar que tu gato necesita» te explico cómo organizar espacios, recursos y rutinas para que tu gato se sienta seguro y tranquilo.

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Lala · La Psicologata