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Por qué las redes son imprescindibles para adoptar un gato

Por qué las redes son imprescindibles para adoptar un gato

Te voy a contar algo que me pasa casi a diario. Me escribe una familia encantadora para adoptar. Se nota que tienen ganas, que van a querer muchísimo a ese gato, que lo han pensado. Y cuando llegamos a la parte de las redes en ventanas y balcones, me dicen que no las ven necesarias. Y yo les digo que entonces no puedo darles en adopción a ese gatito.

No es fácil decir que no a gente con tan buena intención. Pero quiero explicarte por qué lo hago, y por qué cada vez más protectoras piden lo mismo.

Desde el otro lado: quién soy yo en esta historia

Desde el otro lado: quién soy yo en esta historia

Además de educadora felina especializada en comportamiento, soy rescatista y casa de acogida. Eso quiere decir que muchos de los gatos que doy en adopción los he sacado yo misma de la calle. Algunos los he encontrado heridos, asustados, enfermos o con miedo. He pasado noches en vela, he pagado veterinarios, les he visto recuperarse y aprender a confiar otra vez.

Así que cuando entrego un gato, lo que más quiero en el mundo es que no vuelva a la calle nunca. Las redes son una manera de asegurarlo.

«Eso a mí no me va a pasar»

Eso a mí no me va a pasar

Todas lo pensamos. Y aun así, cada día aparecen en cualquier ciudad cientos de carteles de «gato perdido». Detrás de cada uno hay una familia que también pensaba que su gato nunca se iba a escapar, que era muy casero, que no le interesaba la calle.

Un gato de interior que acaba en la calle no sabe sobrevivir allí. No conoce el territorio, se asusta, se esconde en silencio y muchas veces no responde aunque le llames. Coches, perros, otros gatos, gente que no los quiere… Por eso intentar recuperarlo es tan difícil, y por eso la prevención es tan importante.

«Bueno, pero tiene chip.» El chip no es un localizador. El chip solo sirve si alguien consigue rescatarlo y se le ocurre llevarlo al veterinario. Pero muchas veces nunca aparecen. O cuando lo hacen, es tarde.

Las redes no son solo anticaídas: son antiescapes

Las redes no son solo anticaídas: son antiescapes

Esta es la frase que más repito en las adopciones. Mucha gente me dice: «Pero si vivo en un primero» o «Si es un bajo, no se va a hacer daño».

Puede que no se haga daño al caer. Pero estará en la calle. Desde un primero o un bajo, un gato sale y entra de un salto, y llega a la calle en un segundo. En muchos casos, cuanto más bajo es el piso, más fácil es que se escape.

Las redes sirven para dos cosas a la vez: que no se caiga y que no se vaya.

«Quiero adoptar un gato que no tenga esa iniciativa de escaparse»

Esto también lo escucho mucho. Pero escaparse no es una cuestión de iniciativa, ni de carácter, ni de educación. Un gato no se escapa porque sea «travieso» o porque no le hayamos enseñado. Se escapa porque es un gato, y hay muchas razones que pueden llevarle a hacerlo:

  • Patrullar su territorio. Los gatos son animales muy territoriales. Revisar su zona forma parte de su naturaleza, también la de los gatos que viven dentro de casa.
  • Otros gatos cerca. Un gato en el tejado de enfrente, en el patio del vecino o en la ventana de al lado puede despertar en tu gato una necesidad urgente de ir a ver qué pasa o de defender su espacio.
  • Caza y curiosidad. Un pájaro, una paloma, una mosca. Su instinto actúa antes que cualquier otra cosa.
  • Un susto. Un petardo, una tormenta, una obra, una visita que no esperaba. Un gato asustado huye hacia donde puede, y si la ventana está abierta, huye por ahí.
  • Los primeros días en casa nueva. Un gato recién adoptado todavía no siente que esa casa es su sitio. Es el momento con más riesgo de todos.

Ningún gato está libre de esto, por tranquilo que sea. Ni un gato mayor, ni uno muy casero, ni uno que lleva años sin acercarse a la ventana.

Las redes también le dan tranquilidad

Las redes también le dan tranquilidad

Este punto me encanta, porque casi nadie lo tiene en cuenta. Igual que tu gato no puede salir, los gatos de fuera tampoco pueden entrar.

Para un gato, que otro gato aparezca en su ventana o en su balcón puede ser muy estresante. Sentir que su casa es un territorio seguro, donde nadie va a colarse, le ayuda a estar más tranquilo. Una ventana con redes le permite asomarse, tomar el sol, mirar los pájaros y oler la calle sin peligro y sin tener que estar en alerta. Sabiendo que, pase lo que pase, ningún gato entrará en su casa.

Por qué cada vez más protectoras lo piden

Por qué cada vez más protectoras lo piden

Cuando una protectora o una casa de acogida te pide redes, no es por desconfianza ni por poner trabas. Es porque las que rescatamos hemos visto demasiadas veces cómo acaba esto: gatos que vuelven a la calle, gatos que caen, gatos que nunca aparecen. Y familias destrozadas preguntándose cómo pudo pasar.

Pedir redes es una forma de cuidar al gato que nos ha costado tanto sacar adelante, y también a la familia que lo adopta. Nadie quiere tener que hacer un cartel de «gato perdido».

Qué opciones hay

Poner redes es más sencillo de lo que parece, y hay soluciones para casi todas las casas:

  • Redes o mallas para gatos en ventanas, balcones y terrazas. Las hay transparentes y casi no se ven.
  • Mosquiteras reforzadas especiales para gatos. Las mosquiteras normales no aguantan el peso ni las uñas de un gato decidido.
  • Protectores para ventanas oscilobatientes, que tienen sus propios peligros. Te lo cuento en La ventana que parece segura (y no lo es).
  • Sistemas sin taladrar, de presión o tensión, si vives de alquiler.

Puedes contratar a una empresa especializada o instalarlas tú. Lo importante es que sean resistentes, estén bien sujetas y cubran todo el hueco.

Un último pensamiento

Las redes son una inversión pequeña comparada con todo lo que protegen. Si estás pensando en adoptar y tienes dudas sobre cómo hacerlo, escribe a la protectora o a la casa de acogida. Te aseguro que, en la mayoría de los casos, estaremos encantadas de ayudarte a encontrar una solución para tu casa. Lo único que queremos es que ese gato tenga, por fin, un hogar para siempre.

Este artículo es informativo y no sustituye el asesoramiento de la protectora con la que adoptes ni una consulta profesional.

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Lala · La Psicologata